Según Stephen Nachmanovitch, violinista improvisador estadounidense, la improvisación puede utilizarse como herramienta de ayuda a la creatividad, que nos conducirá a un viaje gozoso. Bach y Mozart fueron grandes ejemplos de este enfoque y eran improvisadores muy imaginativos.

La palabra “improvisación” implica, por una parte, ausencia de preparación. Pero también significa espontaneidad. Aunque ser espontáneo y natural suele ser más fácil decirlo que hacerlo, sólo así se pueden desbloquear barreras y entrar en el “flujo”. Tal vez tengamos recuerdos de aquellos poemas que nos pidieron que escribiéramos en la escuela cuando no sentíamos ninguna inspiración; aquellos cuadros que intentamos hacer hace tiempo pero que no fueron bien recibidos por los demás; aquellos instrumentos que hemos explorado pero no conseguimos dominar su técnica… la lista podría ser interminable. Nachmanovitch nos recuerda cómo podemos abrir una puerta a la exploración mediante el uso de la improvisación, en la que no existe una única forma “perfecta”, sino una variedad de formas según cada uno de nosotros. Lo describe con las siguientes palabras “El corazón de la improvisación es el juego libre de la conciencia cuando dibuja, escribe, pinta y juega con la materia prima que emerge del inconsciente”.

Se trata de activar elementos como el juego, el amor, el riesgo, el valor, la concentración y otros más, todos ellos necesarios si queremos hacer realidad nuestros recursos interiores. La inspiración necesaria para canalizar un arquetipo superior de belleza no sólo tiene que ver con lo bien que dominemos una técnica, sino también con descubrir nuestra verdadera voz y sacarla a la superficie. A veces, las experiencias de ruptura, cuando superamos el miedo, se convierten en una fuente de creación espontánea y nos permiten conectar con energías creativas ilimitadas que nos permiten expresar lo que llevamos dentro.

Una forma interesante de ver la improvisación es darse cuenta de que cuando utilizamos palabras para comunicarnos con los demás estamos improvisando, porque (generalmente) no las ensayamos antes. La situación se vuelve más compleja cuando nos referimos a expresiones artísticas como la poesía, la música, la pintura o la danza, en las que el artista tiene que encontrar el medio adecuado para canalizar las sutiles nociones de verdad o belleza que descubre. Pero aunque existen distintos niveles de habilidad e inspiración artísticas, todos podemos abrirnos más a la vida como experiencia creativa que implica aventurarnos en nuevos territorios y no quedarnos en nuestra zona de confort. Aunque sólo ha habido un Miguel Ángel en la historia, su teoría de la escultura puede hacerse accesible a todos haciéndonos conscientes del tipo de ojos y de actitud contemplativa que hay que desarrollar para ver lo que hay que sacar de la piedra para hacer una escultura. Muchos artistas de renombre han conseguido liberar su potencial. No olvidemos que ese potencial está latente en todos nosotros y que podemos utilizar la improvisación para despertar nuestra creatividad.

Hace poco organizamos un acto con motivo del Día Mundial de la Filosofía en el exterior de la Galería Nacional. Una de las preguntas que planteamos durante nuestro “happening” sobre el tema de la Filosofía y el Arte fue “¿Puede cualquiera ser artista?”. Y una respuesta interesante que recibimos (de un ebanista y diseñador de muebles) fue: “¡Por supuesto! Porque todo el mundo tiene en su interior los dos hemisferios del cerebro: el lógico (relacionado con la técnica) y el intuitivo (relacionado con la inspiración)”.